Desde La Quilla











   Una luz cegadora lo invadía todo. Los contornos de la gente se iban desvaneciendo, haciendose más y
más imprecisos. Poco a poco me fuí sumergiendo en el disco solar. Cerré los ojos y noté su contacto por mi piel. Dejé de resistirme y percibí como la habitación se inundaba rápidamente hasta el último rincón. Siento
la insignificancia del ser humano ante la grandiosidad de la naturaleza ¿Cuantos atardeceres? ¿Cuantos
amaneceres? ¿Cuantas olas?
    Me parece haber estado poco tiempo dormido. Abro los ojos y presiento que está clareando el amanecer.
Miro hacia el faro y no está. Tampoco el castillo, ni el camino de piedra, ni el puente canal. Solo rocas.
Lanchas con extraños guerreros estan llegando a la playa. Su aparición intranquilizadora dispara mis alertas. ¿Tanto he dormido? ¿Cual es el sueño y cual la realidad? Necesito una respuesta rápida. ¿Estaré ante un peligro real de ahora mismo? El faro, el puente canal, el quiosco La Quilla donde creo que estoy ¿serán un sueño de algo que va a existir dentro de tres mil años?

                                                                                                  Cádiz, tarde de primavera de no se cuando
                                                                                                            
                                                                                                                Antonio Jesús Gutiérrez